THDA. PARTE 1

2 febrero, 2015 · No hay comentarios

En muchas ocasiones he escuchado como un papá o una mamá se refería a su hijo, como un niño hiperactivo, pero realmente: ¿Sabemos que es la hiperactividad? ¿Cómo se manifiesta? y ¿Por qué se caracteriza un niño hiperactivo?.
Durante la infancia es muy común poner etiquetas a los peques de forma precipitada y por lo tanto la mayoría de las veces de forma errónea.

 

El niño esta en pleno desarrollo y maduración, por lo que  diferenciar lo que es una conducta normal de una conducta patológica, no siempre es tan fácil o evidente como pueda parecer en un primer momento.Además a lo largo del desarrollo, se producen crisis y conflictos en niños, adolescentes y en adultos, en los cuales los factores afectivos y de relación son desencadenantes de los comportamientos desajustados o inadaptados.

Cada etapa madurativa puede suponer una situación conflictiva y, a la vez, una nueva forma de hacerle frente. De ahí, que muchas conductas infantiles aunque parezcan patológicas, solamente expresan una manera de adaptación en determinados momentos del desarrollo, como por ejemplo la crisis de oposición entre los dos y los tres años, que manifiesta la necesidad de autonomía que tiene el niño en esta edad, y de la que os hablaré en próximos post.

Creo que es interesante conocer realmente a que nos estamos refiriendo cuando utilizamos el término hiperactividad y como distinguir un niño altamente nervioso o activo de un niño hiperactivo.

Por eso hoy quiero hablaros del THDA: “Trastorno de Hiperactividad con Déficit de Atención”.

La hiperactividad es un problema de conducta muy frecuente en la etapa infantil, que se caracteriza por una excesiva actividad motriz, déficit de atención, carencia de autocontrol o exceso de impulsividad.

La excesiva actividad motriz se expresa mediante inquietud continua y se manifiesta en movimientos de pies y manos, dificultad para permanecer sentado, dar saltos, correr por clase, molestar a los compañeros, etc, en general, se observa una actividad motriz exagerada y desorganizada, en casa y en el colegio. Va mucho más allá de un niño nervioso o inquieto, tal y como os comentaba en el inicio del post.

Por su parte, el déficiti de atención, es el síntoma que define el trastorno. En niños sin este problema, a partir de los seis años hay un control interno de la atención, en cambio los niños hiperactivos se distraen ante estímulos ajenos a la situación y tienen problemas para mantener la atención en las tareas, no escuchan lo que se les dice, no se centran en sus actividades, que suelen abandonar sin terminar y cambian a otra, o se implican en las de otros niños.

Y la falta de autocontrol es visible en la dificultad que tienen estos niños para esperar su turno, porque no escuchan las directrices que se han de seguir al iniciar una tarea, dan respuestas precipitadas antes de acabar de formularles las preguntas, interrumpen continuamente, cogen objetos sin cuidado, no consideran los peligroso participan en situaciones de riesgo.

En algunos niños se manifiesta en la escuela, en otros en casa y, en la mayoría de los casos, en situaciones diversas. Esta alteración es persistente y permanente en el niño, y cursa con más de seis meses de evolución comenzando antes de los siete años de edad.

En la etapa infantil, lo más significativo de este trastorno es la hiperactividad motora (el niño lo manifiesta con carreras, tendencia a subirse a lugares difíciles…) la falta de atención y la impusividad, totalmente visible en los continuos cambios de una actividad a otra.

En cuanto a su evolución, las manifestaciones de hiperactividad persisten en la niñez y, en muchos casos existen conductas antisociales en la adolescencia.

En muchas ocasiones, en la escuela aparecen problemas de fracaso escolar y de relaciones con otros niños, ya que, debido a su impulsividad, a veces son rechazados y esto puede derivar en aislamiento y en consecuencias negativas para su autoestima.

El rendimiento en la escuela y las dificultades de aprendizaje son consecuencia de la dificultad para atender, la impulsividad y la excesiva actividad motriz. Esto se refleja en el área perceptivocognitiva, es decir, en actividades como las matemáticas, la lectoescritura, en la organización de datos y en tareas que requieren entre otras, orientación espacial y coordinación visomotora.

Y a nivel emocional, suelen presentar una baja tolerancia a la frustración, berrinches, pataletas, irritabilidad y cambios bruscos de humor, pasando de la risa al llanto y viceversa.

De hay la importancia de saber que le esta pasando realmente al niño, conocer en que consiste el THDA y saber las pautas a seguir, de las que os hablaré en el próximo post.

Plataforma dirigida a padres, madres y educadores infantiles, maestros, pedagogos, psicopedagogos y psicólogos junto a mi hija Valeria y su inborrable sonrisa, Valeria Smile

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