EDUCACIÓN EMOCIONAL Y FAMILIA

29 diciembre, 2014 · No hay comentarios

Seguro que en alguna ocasión habéis escuchado el término educación emocional, pero realmente que significa este término? Como podemos educar positivamente a nuestros hijos a nivel emocional y de que forma influye en el desarrollo del niño.
Todo ello os lo explico en este post.
La educación emocional
Los padres influimos de forma directa en la educación emocional de los hijos, esta se hace de forma explicita. Es un intento consciente de enseñar las reglas de expresión emocional, los modos de regulación, qué tipo de emociones son pertinentes en cada momento, etc. En la educación emocional, influye la personalidad de los padres, los miedos que tengan y la cultura en la que han vivido.
Hay que tener en cuenta dos dimensiones a la hora de definir el tipo de educación emocional: la aceptación/evitación de las emociones del niño y el grado de apoyo para afrontar su problema y su emoción.
Siguiendo a Gottman (1977), en base a estas dos dimensiones encontramos cuatro patrones de educación emocional. Cada uno con sus consecuencias en cuanto al desarrollo emocional afectivo:
  1. Minimización-evitación: hay padres que, con el objetivo de eliminar rápidamente las emociones negativas en el niño, restan importancia a sus problemas, tratan sus sentimientos como triviales. En estos padres subyace la idea de que los sentimientos negativos son nocivos para el niño y que, si se habla de ellos, empeorará la situación y le generarán ansiedad. Abusan de la distracción y del humor para que el niño no piense más en el problema causante de la emoción y así “protegerle”. Por ejemplo, imaginemos una niña que, llorando le cuenta a su padre que su amiga no la deja jugar. Un padre con este patrón de educación emocional le diría algo así: “!Qué tontería!, no importa hija. Ven, que te doy un caramelo”. Ese padre intenta proteger a su hija, que no sufra, quiere que se olvide del problema que deje de llorar. En realidad, está perdiendo oportunidades de hablar con ella acerca de sus sentimientos como rabia, celos, tristeza, exclusión y, además no puede ayudarla a superar sus problemas. La niña recibe el mensaje de que sus preocupaciones no son importantes, de que es mejor olvidarlas. Los efectos de este tipo de educación emocional en los niños son: bajos niveles de competencia social, evitación de problemas y escasos recursos para solucionarlos.
  2. Evitación-castigo: se da en familias que se burlan o castigan determinados sentimientos o emociones en los niños. Este es un patrón aún más nocivo que el anterior. Estos padres piensan que las emociones negativas deben ser controladas, que reflejan mal carácter o debilidad y que resultan improductivas.  Es también un intento de “protección” ya que pretenden que los niños sean fuertes emocionalmente y controlen sus emociones. Piensan que cuando sus hijos expresan emociones es para llamar la atención y manipularles. Siguiendo con el ejemplo anterior, uno de estos padres diría algo parecido a: “!como llores por eso, nos vamos a casa ahora mismo!”. Las consecuencias de este patrón de educación emocional  son las siguientes: los niños piensan que hay algo malo en sus emociones o en ellos mismos por sentirlas, creen que si se expresan emocionalmente se van a reír de ellos. Genera represión emocional lo que conlleva estrés fisiológico y ansiedad, dificultades para solucionar problemas, para concentrarse, escasa empatía e inseguridad.
  3. Permisivo: este patrón es el que siguen los padres que aceptan incondicionalmente la expresión afectiva de sus hijos. Les permiten liberar de cualquier forma las emociones negativas pero sin intervenir. No les ofrecen ayuda ni guía y no marcan límites en la expresión conductual de la emoción. Siguiendo nuestro ejemplo, estos padres podrían decir a su hija algo parecido a “!Pobrecita mi niña, que no la dejan jugar. Que mala es tu amiga!”. De esta manera, la niña puede llegar a llorar desconsoladamente, pero nadie la está ayudando a regular su emoción, a calmarse, a buscar una solución, etc. Los niños educados bajo este patrón emocional tienen escasa motivación de logro, no se concentran, son conflictivos y agresivos en la relación con los demás.
  4. Educación emocional positiva: estos padres dan valor tanto a las emociones positivas como a las negativas. Se ponen en el lugar del niño, le escuchan, procuran comprenderle, le ayudan a poner nombre a lo que sienten, a buscar soluciones y a expresarse, pero poniendo límites a su conducta. Para seguir con ele ejemplo, un padre que sigue este patrón podría decir algo así como: “Entiendo que estés triste porque María no te deja jugar, yo también me sentiría mal. Vamos a ver ¿qué puedes hacer ahora para intentar que te deje jugar?”. Estos niños presentan menos rabietas, ansiedad, vulnerabilidad a enfermedades y problemas de conducta que otros. Además gozan de más competencia social, mayor regulación fisiológica, mejor rendimiento escolar, son más empáticos, confiados, capaces de regular emociones y más aceptados por sus iguales.
 
Comprensión emocional por parte del niño
 
El primer hito en este sentido se refiere al reconocimiento de expresiones faciales del adulto relacionadas con emociones. Alrededor del segundo mes los bebés ya diferencian expresiones emocionales de la madre.
Del cuarto al séptimo mes son capaces de asociar un significado emocional a esas expresiones (interpretan la expresión que ven y responden diferenciadamente: ante la alegría responden con movimiento vigoroso, expresión alegre y frecuencia alta de miradas). De la conducta del bebé se deduce que no se trata de simple contagio emocional.
Del octavo al décimo mes existe una capacidad evidente de interpretar emociones, utilizan la referencia social. Ante una situación nueva, miran a la madre y según sea su expresión, actúan en consecuencia utilizando esa información para valorar la situación y ajustar su respuesta. Por ejemplo, ante la presencia de un desconocido, el niño mira a la madre y en función de la expresión de ésta, responde de un modo u otro.
A los doce meses son capaces de responder adecuada y selectivamente a la expresión facial de la madre, empiezan a compartir estados afectivos y eso marca el inicio de la empatía.
A partir de los dos años y gracias a la adquisición del lenguaje, el niño adquiere progresivamente mayor comprensión de las emociones propias y ajenas ya que, al poder nombrarlas, las emociones se hacen más accesibles. Comienzan a interesarse por los sentimientos ajenos (pregunta ¿qué te pasa?, hablan de las causas de determinadas emociones, etc).
Además la adquisición del juego simbólico permite comprender mejor las emociones de los otros. Los niños que más juegan de forma simbólica tienen mayor facilidad de comprender lo que los demás sienten ante determinadas circunstancias.

Plataforma dirigida a padres, madres y educadores infantiles, maestros, pedagogos, psicopedagogos y psicólogos junto a mi hija Valeria y su inborrable sonrisa, Valeria Smile

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